Dominio público » Telemadrid, con los pies en el fango

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Enrique Pérez Cabezas
Realizador de televisión y editor de contenidos del blog de comunicación MAIALab.com

La radiotelevisión pública madrileña afronta esta semana un debate parlamentario trascendental para su futuro. Vida o muerte, una vez más. Vida o muerte tras el secuestro: nada más y nada menos. Desde que atraparon su cuerpo las movedizas arenas ideológicas de Esperanza Aguirre,  por las que cualquier no afín a su régimen puede ser considerado ‘rojo’, la emisora de la Ciudad de la Imagen se hundió en el fango y no consigue zafarse, no levanta cabeza. Este jueves se presenta ante la cámara autonómica la votación para constituir el Consejo de Administración, resultado de aplicar la nueva Ley de Telemadrid, inventada por Ciudadanos para el PP. Un gran invento. La anterior ley, perfilada a demanda de pasadas mayorías absolutas, no favorecía ya sus intereses. Gracias al tul naranja, el viejo cocodrilo se nos presenta vestido de modernismo y con los labios pintados de independencia (o de despolitización, que algunos quieren que usted piense que viene a ser lo mismo).

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A tele muerta, tele puesta.

A tele muerta, tele puesta   25mar 2016
Roberto Mendès
Editor de MaiaLab, blog de información y comunicación

Si usted no es interrumpido por unos mensajes de Twitter imprescindibles para el mantenimiento de su vida social virtual, por las
modificaciones de estado de Facebook de un desconocido que aparece como amigo o por las conversaciones de WhatsApp de su grupo de compañeros de trabajo que juegan al tenis, quizá pueda sentarse ante su flamante smart tv de 48 pulgadas y comenzar a ver algo que le haga olvidar la reunión de negocios que acaba de mantener por Skype. Por supuesto, tendrá que escoger entre Netflix, la oferta de su proveedor de servicios de telefonía, YouTube y un DVD de alguna serie que compró hace unocartajustes días.

Es cierto que, como decía Neruda, también podemos “pedir silencio” para poder “vivirnos”, que lo contrario es ruido y es muerte: pero también es cierto que muy pocos son los sabios que lo consiguen y alcanzan el anhelado “amor sin fin” que postulaba el poeta chileno. Pero volvamos al ruido cotidiano…

Todo lo anterior pretende demostrar abundantemente el hecho de que la televisión ya no es lo que era y hacernos notar que, de hecho, podemos decir, sin temor a equivocarnos ni ser tachados de líquidos nihilistas o acérrimos posmodernos, que la televisión ya no existe. Al menos la televisión entendida como un canal gratuito por el que se emiten, de forma abierta, contenidos audiovisuales de manera lineal, o dicho de otra manera: la tele de toda la vida. Bien, pues lo que estábamos diciendo es que la tele ha muerto y que estamos de luto por ella desde hace tiempo, porque este terremoto ya se ha producido: no tenemos que aventurar hipotéticos escenarios y ni tan siquiera parece razonable esperar que las cosas se queden como están en los próximos años. Tampoco servirá de nada lamentarnos, recordando entre sollozos qué buena era…

Con este panorama, cumplir el artículo 20 de nuestra Constitución se nos antoja cada vez algo más improbable, especialmente el apartado d), donde se reconoce y protege el derecho “a comunicar o recibir libremente información veraz por cualquier medio de difusión”. El problema, curiosamente, radica no tanto en saber qué información puede ser veraz o no, si no en la posibilidad de aplicar lo anterior en  “cualquier medio de comunicación”. Determinar la veracidad de las informaciones es difícil, pero abarcar todos los medios de comunicación existentes y por existir es aún más complicado, aunque no imposible, como pretenden hacernos creer aquellos que se hallan inmersos en la batalla por hacer desaparecer nuestros derechos en su propio beneficio.

En medio de todo este cambio que se acelera por días, surge de nuevo la discusión política sobre la radiotelevisión pública, sobre su dependencia o no del gobierno y del partido en el poder, sobre su financiación y sobre los criterios éticos y deontológicos que deben regirla. Una discusión que, si aceptamos lo que llevamos dicho como válido, se realiza sobre un medio de comunicación que está dejando de existir tal y como lo conocemos.

No es que los esfuerzos por definir cómo debe escogerse un consejo de administración representativo sean inútiles. Tampoco hay que entender que el nombramiento del presidente de una corporación pública de comunicación sea algo que carezca de relevancia o que los esfuerzos por hacer de las empresas de comunicación de capital estatal organismos transparentes y económicamente independientes sea una nadería; ni mucho menos. Lo que ocurre es que si las cosas continúan cambiando al ritmo que lo hacen, cuando seamos capaces de saber cuál es el método de gobernanza que nos parece óptimo para los medios de comunicación de titularidad pública, muchos de ellos habrán desaparecido o serán irrelevantes (dicho sea de paso: parece que esto es realmente lo que algunos pretenden).

Lo que se puede deducir de lo dicho es que, en estos momentos, y dado el panorama tecnológico existente, es urgente redefinir tanto la legislación sobre información y comunicación, como los modelos de medios de información y comunicación de titularidad pública (no bastará con reformar solamente la radio y la televisión públicas). Igualmente, es necesario replantear el sistema de derechos para que garantice, en el entorno tecnológico actual, la información veraz, proteja a la ciudadanía de la publicidad abusiva o inadecuada y facilite su acceso a los medios… Y cuando hablamos de urgencia queremos decir inmediatamente.

Hay que decir que es posible hacerlo y que, aunque muchos pretendan que es imposible, por ejemplo, regular algunos sectores alegando que están más en el cielo que en la tierra y que su ubicuidad hace imposible una regulación legal hay que recordarles que esto no es cierto y que los cables que atraviesan, a veces de manera indecente, nuestros edificios, que inundan los cascos históricos, manchando de negro nuestros pueblos blancos y horadando los ladrillos de edificios protegidos, son bien tangibles y no forman parte de ninguna nube. También son físicas las miles de antenas que emiten a diestro y siniestro ondas radioeléctricas y también es concreto y de titularidad pública ese mismo espectro radioeléctrico. Igualmente son concretos los beneficios de operadores y compañías productoras de contenidos concretos que se depositan en bancos igualmente concretos de países también concretos y, aunque todos entendemos que las páginas de internet de un periódico pueden formarse on the fly, o sea, al vuelo, también somos conscientes de que el vuelo que las forma depende del hardware de algún servidor alojado en alguna parte y que no es una nube la que lo hace.

Por tanto, hay que concluir que es imprescindible aceptar el reto, no solo político y legislativo, sino también tecnológico y organizativo, de ofrecerles a los ciudadanos lo que la constitución les garantiza: una información veraz, un acceso abierto a todos y un comportamiento ético y transparente en cualquier medio  y a través de cualquier canal. Esto implica no solo legislar, sino construir. En este caso construir entre todos un nuevo modelo de información y comunicación pública que sirva exclusivamente a los intereses de la ciudadanía.

La tele ha muerto, sí, pero igual que, según dicen, dijo Felipe V cuando todavía era Felipe de Anjou, al ser advertido por los aduladores de siempre de que se arriesgaba mucho en las batallas de la Guerra de Sucesión española (“Majestad: rey no hay más que uno”), debemos responder que, aunque eso sea cierto, la muerte del rey nunca ha sido un problema, puesto que puede ser sustituido por otro (”A rey muerto, rey puesto” dicen que dijo). En este caso, no debemos caer en la falacia de que la muerte de la tele, tal y como la conocemos, impide disfrutar de nuestros derechos y que su desaparición hace imposible crear un nuevo modelo de información y comunicación pública; ni mucho menos: eso lo dicen los mercaderes de la información, los que solo ven en esa necesidad básica de las personas una posibilidad de enriquecerse. La ciudadanía más bien debe responder a esa amenaza diciendo que ningún operador de telecomunicaciones es imprescindible y que es urgente construir un nuevo modelo de información y comunicación pública; es decir, que a tele muerta, tele puesta. Así defenderá dos elementos básicos para el ejercicio de la opinión y la calidad democrática: su derecho a una información veraz y su acceso a los medios de comunicación públicos.

RTVE o La comedia de los errores

“Shakespeare ha demostrado que saber qué no es una cosa ya es un aumento del conocimiento. Y que, a fin de cuentas, los errores fundan la verdad”.
C.G. Jung

Cuando Jung decía que, a fin de cuentas, los errores fundan la verdad, lo decía a propósito de La comedia de los errores de Shakespeare pero, claro, para que los errores nos ayuden a encontrar la verdad, primero tenemos que identificarlos como tales. Por el contrario, si pretendemos mantenerlos y no enmendarlos pasaremos de cometer un error a cometer una equivocación y, a medida que vayamos insistiendo, acabaremos convirtiendo la equivocación en desatino.

Eso es lo que muchos hemos creído que ocurre al ver la proposición de ley que el PSOE presentó el 14 de enero en el Congreso. En ella se formula una propuesta para la modificación del sistema de designación del presidente y del Consejo de Administración de RTVE. No está de más recordar que el tema del control del Consejo de Administración y de la Presidencia de RTVE es un clásico parlamentario y un tema habitual al comienzo de cada legislatura. Por eso conviene que hagamos un repaso de lo sucedido en los últimos años en los procesos de elección de los sucesivos presidentes de la Corporación RTVE.

Hasta 2006, ésta se llevaba a cabo directamente por el Consejo de Ministros (en un alarde de política digital postconstitucional), pero ese año el gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero aprueba una nueva ley de la RTV pública que obliga a la elección parlamentaria del cargo por mayoría de 2/3. Después de la aprobación, el 19 de diciembre de 2006, el Parlamento (por primera vez en la etapa democrática), por mayoría cualificada, nombró presidente de RTVE a Luis Fernández.

Tres años duró su mandato, puesto que Fernández renunció a su cargo el 23 de noviembre de 2009, presuntamente por no estar de acuerdo ni con la eliminación de la publicidad como fuente de financiación de la CRTVE ni con la nueva ley de financiación de agosto de 2009, que el mismo PSOE aprobó, ante el estupor de sindicatos y profesionales de la RTVE. El Parlamento reaccionó y, un poco después, de forma también sorprendente y ante las dificultades para encontrar una persona que alcanzara el consenso de los dos tercios, la cámara eligió como nuevo presidente de RTVE a Alberto Oliart. Varias veces ministro y con 81 años en el momento de su nombramiento, Oliart dimite en julio de 2011 por motivos “estrictamente personales”.

Hasta ese momento RTVE mantiene relativamente su audiencia y aguanta el tirón (con muchas críticas desde el PP a propósito de supuestos incumplimientos de imparcialidad). Pero es la gestión de RTVE lo que no acaba de funcionar, principalmente a causa de dos problemas: la inestabilidad económica derivada de las ambigüedades que contiene la ley de financiación y el incumplimiento por parte del Parlamento de sus propias leyes, en concreto el Mandato Marco que exige la ley de la radiotelevisión pública y que, a su vez, implica el desarrollo de los contratos-programa trienales. Por otra parte, el mandato de Alberto Oliart marcó un punto de inflexión negativo desde el momento en que no avanzó en la construcción de la Radiotelevisión pública como un grupo de comunicación estatal estable y consolidado.

Después de este primer fracaso, viene el segundo, también derivado del sistema de elección por dos tercios, exigidos por la ley de 2006: entre julio de 2011 y junio de 2012 (11 meses), el puesto de presidente de la Corporación está vacante porque el Parlamento no se pone de acuerdo, entre otras cosas porque el PP bloquea el nombramiento. Además, hay que aclarar que esto ocurre porque la citada ley no prevé un mecanismo legal que solucione una situación de vacío institucional como esta, de manera que el Consejo de Administración, no consigue remediar la falta de dirección de RTVE.

El 20 de noviembre de 2011 se celebran elecciones generales, que gana el PP, y el 20 de abril de 2012 (5 meses después), el gobierno promulga un real decreto que modifica el sistema de nombramiento del presidente de la CRTVE, permitiendo su designación por mayoría simple en segunda vuelta. Se justifica la modificación alegando la falta de eficacia del sistema de elección anterior, cuando, en realidad, tal ineficacia ha sido provocada por el propio grupo parlamentario del PP que durante once largos meses se enroca sistemáticamente para evitar facilitar un acuerdo que permitiera alcanzar una mayoría cualificada suficiente.

Las medidas legislativas se hacen realidad inmediatamente y, el 4 de junio de 2012, el Parlamento aprueba, por el nuevo procedimiento (mayoría simple en segunda vuelta), el nombramiento de Leopoldo González Echenique como presidente de la CRTVE. Sin embargo, el nuevo presidente tampoco consigue solucionar los muchos problemas de la Corporación. El 25 de septiembre de 2014 Echenique dimite al ser incapaz de obtener financiación suficiente para la CRTVE. Unos días después, el 6 de octubre de 2014, de nuevo el Parlamento, por mayoría simple y en segunda vuelta, aprueba el nombramiento de José Antonio Sánchez como presidente de la CRTVE. Hasta hoy.

Como se puede ver, ningún presidente ha sido destituido y tampoco ninguno ha finalizado su mandato desde que se aprobó la ley de la RTV pública en 2006. Todos han renunciado a su cargo (dos por razones económicas y uno por razones personales). Y, como también se puede entender por lo dicho, la ley de 2006 de la Radio y la Televisión Pública no ha solucionado los problemas que tiene una empresa estatal que debería ser uno de los ejes sobre los que se construya el Derecho a la Información y sirva para alcanzar un sistema democrático avanzado en el que la información veraz esté, de manera gratuita, a disposición de la ciudadanía.

El PSOE plantea ahora más de lo mismo (volver a lo que concibió en la ley de 2006); en lo que puede ser un avance de su política mediática basada, probablemente, en el repetidismo filautista, por lo que podemos pronosticar que obtendremos los mismos resultados (o peores) en la gestión de la CRTVE.

Aún estando de acuerdo en que 2/3 es más que 1/2 y en que, para temas relevantes como RTVE, el consenso es más que deseable, debería responder el PSOE a algunas preguntas que no aclara cuando plantea su proposición de ley: ¿Qué ocurrirá si ninguno de los candidatos propuestos a presidente de la CRTVE obtiene los 2/3 necesarios para ser elegido?, ¿volverá a dejar a la CRTVE sin dirección por tiempo indefinido? (recordemos que en la actual legislatura el PP dispone de más de 1/3 de los votos y que, por tanto, podría bloquear de nuevo, como ya hizo en 2011, el nombramiento del presidente y del Consejo), ¿cree que la financiación de RTVE es estable y suficiente?, ¿supone que está preparada para afrontar el cambio tecnológico que se está produciendo?, ¿ha alcanzado la CRTVE los niveles de transparencia deseables en un organismo público?, ¿responden sus criterios de gobernanza a los de una empresa del Siglo XXI?, ¿cumple sus cometidos como servicio público? Y, ya de paso, el PSOE debería explicar si cree que la elección del presidente y el Consejo de Administración es el único problema al que se enfrentan los medios de comunicación de titularidad estatal. Visto lo visto, parece que no y también parece que estamos en un momento crítico, deverdadero cambio; un momento que no podemos dejar pasar proponiendo modificaciones poco sustanciales o suponiendo que la simple repetición de los errores cometidos los convertirá en aciertos legislativos.

Varoufakis video explains why governments seem unable to solve real problems

Why Capitalism Will Eat Democracy /// El Capitalismo devorará la democracia

Video in Englis with Spanis subtitles
Vídeo en Inglés con subtítulos en castellano

A Ted talk with Yanis Varoufakis recorded in Geneva, December 2015.He explains relations between Politics and Economics. 

Una charla Ted con Yanis Varoufakis grabada en Ginebra, diciembre de 2015. Explica las relaciones entre política y economía.